Arthur McMagroy | |
| Arthur, el galés, estaba sentado en el claustro, sobre la tarima que elevaba ligeramente el suelo flanqueado por columnas sobre el césped. Sostenía, sobre las rodillas y abrazada desganadamente con ambas manos, su gastada mochila negra, repleta de libros y pergaminos y con un agujero reventado en el fondo por el que asomaba una pluma blanca. No era como si no tuviera dinero para comprarse una nueva; pero se le había olvidado, al igual que ahora mismo se le había olvidado dejar la mochila en el suelo a fin de estar más cómodo. Una cosa tan tonta como buscarse una mochila nueva implicaba en primer lugar un cambio (y a Arthur no le gustaban los cambios) y en segundo lugar un esfuerzo, a todas luces innecesario mientras la vieja siguiera cumpliendo su función. Esa era su filosofía de la vida, la de "ir tirando".
Ahora mismo no pensaba en nada, o mejor dicho, pensaba en círculos sin ser muy consciente de ello. A esas horas, poco después de comer, el Claustro estaba prácticamente vacío; se escuchaba el murmullo del agua, el canto de algún pájaro, pero aparte de eso, no había nada que interrumpiese el silencio y sacase al galés de su ensimismamiento. |
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