| Alejandro dirigió la vista hacia atrás. Dejaba la montaña, y con ello a su familia desprotegida. Pero... ¿qué más podría hacer? Si aprendía todo lo necesario sobre sus poderes, aquella marcha no habría sido en vano ni para él ni para nadie de la pequeña aldea perdida en el idílico paisaje. Ilia... volvería para cuidar de ella especialmente... si es que cuando llegara el momento de su partida de Nahiria esta podía defenderse por si sola, o había encontrado algo de magia en su interior. Mas algo le decía que Ilia sería la que entrara en Nahiria, y no él el que saliera, ya que aquello no era una simplemente escuelita de magia. Sin más dilación, miró hacia el frente.
"Allá voy"- En un visto y no visto, su cuerpo comenzó a transformarse en un bello corcel de pelaje blanco y singular. Bien conocía que debía andarse con atención una vez en Nápoles, ya que tenía que evitar toparse con algún nutrido grupo de gente.
Hubo cabalgado un buen rato, cuando ante sí se alzó la ruidosa Nápoles. De nuevo evitando ser visto, se transformó en humano. Quién sabría del tipo de personas con las que se podía encontrar. Otro tanto hubo de caminar para encontrar el terreno de la Orden de Nahiria, tras preguntar a todas las personas habidas y por haber sobre su situación. Cada una decía una cosa distinta, y fue un reto averiguar cuáles decían la verdad y las que mentían. Sin embargo, de una vez ya alejado bastante del alboroto de las calles y callejones, adivinó la silueta de la singular escuela.
***
El hogar del conserje, ahí es donde le habían indicado al nuevo hacia donde debía dirigirse. Cuando se dispuso a abrir la mal encajada puerta, pudo oír voces através de esta. Siendo el primer día, no era de extrañar que los demás se habían adelantado al Saliath. Tomando aire y exhalándolo, empujó a duras penas la puerta, que dada la vejez presentó algún que otro problema en la labor. La oscuridad impactó en sus ojos cuan podía hacerlo con menor facilidad un rayo solar. Cerró estos es un acto reflejo, pues el cambio del exterior al interior de la casa no destacaba por no ser brusco. Cuando los abrió, fueron acostumbrándose a la diferente visión. Pudo ver a tres personas dentro, dos claramente menores que él.
Parecían guardar cola tras una puerta, en la que se disponía una campanilla y un cartel que rezaba:
NO PASAR
Para cualquier consulta tiren de la campanilla y hagan cola Gracias
Por su parte, el resto de la casa no era mayor cosa. Polvo, mucho polvo, y montones de libros aquí y allá. La mayoría eran ilegibles por el mencionado polvo, mientras el resto acostumbraba a estar escrito en un extraño idioma que Alejandro no llegaba a comprender. Frustado por el poco éxito en la lectura de los títulos, le hubiera gustado descifrar los interesantes y misteriosos títulos.
"Supongo que aquí aprenderé el método"- Razonó para sus adentros. Y, dando una pequeña vuelta, se dirigió a la cola, en espera del conserje que debía otorgarles los tan ansiados víveres.
Su mayor punto no era sociablizarse, pero cuando llegó a la cola de espera, inclinó la cabeza en un gesto de saludo, y aventuróse a presentarse con una tímida sonrisa:
-Hola... mi nombre es Alejandro Ernet... encantado. ¿Y el vuestro? |